Wes Anderson, cuyo descubrimiento debo a
Sherlock, es uno de los directores que más me pueden apetecer del panorama actual. Sus películas son una extraña mezcla entre la aventura, la comedia y el drama vistos desde la obtusa perspectiva de Anderson. Es un cine que en principio parece fácil pero que, a la mayoría de la gente, le cuesta entrar bastante. Como con toda obra interesante, necesita ser vista varias veces para ser disfrutada y comprendida en su totalidad.
Esta es la principal diferencia entre
Wes Anderson y
Ben Stiller, otro de los directores que me suelen apetecer mucho (y con el que lo comparo así, sin despeinarme). Stiller utiliza un humor simplón y directo con el que te golpea sin piedad. Anderson, en cambio, es muchísimo más complejo: sus películas siempre te dejan sin saber muy bien qué pensar. ¿Era comedia, era drama?
Lo que está claro es que Anderson tendrá sus fans y sus detractores pero, sea com fuere, no deja de ser uno de los directores de moda. Prueba de ello es que, además de uno de sus actores habituales como
Owen Wilson (curiosamente también es un habitual de
Ben Stiller), se encuentran actores de la talla de
Natalie Portman (que se mueve por todo tipo de proyectos, desde
V de Vendetta hasta cosas más pequeñas como
Closer), la estupenda
Anjelica Huston, una actriz que me encanta,
Jason Schwartzman, al que veremos como protagonista absoluto de
Walk Hard Dewey Cox Story y a
Adrien Brody, actor al que me cuesta soportar y que pronto veremos en
Manolete.Wes Anderson no puede gustar a todo el mundo, pero: ¿te gustará a tí, querido lector?
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