No me ha gustado la redención que significa para el personaje la última media hora, su desesperación, lo barroco del polvo que le echa a su mujer mientras vemos la matanza de Munich, su deambular hacia la nada. Porque esta pelÃcula tenÃa un final y no se ha querido cerrar ahÃ, y, puestos a alargarla, repito, innecesariamente, sólo podÃa acabarla de esta manera.
Y vuelvo a repetir, es una pena porque el colofón final y maravilloso de Eric Bana lo constituye la escena en la que termina paranoico perdido en el armario.
Volviendo al inicio, toca hablar de las bondades de la pelÃcula, de la habilidad y pericia de Spielberg para arrancar la pelÃcula, para mezclar imágenes de archivo con ficción, para meterte de lleno en la pelÃcula.
Igualmente meritorio resultan muchas de las escenas de thriller y espionaje de la pelÃcula.
Contaba Hitchcock en su larga entrevista con Truffaut que al rodar una pelÃcula e ir a ciudades habÃa que rodar en sus edificios más emblemáticos y en sus paisajes más tÃpicos. Y Spielberg, como gran conocedor del cine que es, lo lleva a rajatabla. Lástima que quizá esta pelÃcula huela en exceso a intento de emular al maestro. De la misma manera que en "La terminal" venÃa un tufo a Wilder. Empiezo a cuestionarme la existencia de un verdadero estilo Spielberg, reconocible como puede ser el de Scorsese o el de Coppola.
En resumidas cuentas, un Spielberg tremendamente alejado de sus cotas artÃsticas, como son "La lista de Schindler" y la primera media hora de "Salvar al soldado Ryan", por hablar de las más recientes, que ha resbalado precisamente por olvidarse de su función como cineasta y artista. Ahora bien, nadie duda de su inmenso talento y oficio en estas lides cinematográficas. Un notable.